Cibersexo auuuuu

Monday – 17 September 2012

Anoche llegué a casa justo para ver de nuevo el final de “El retorno del rey”. Y, obviamente, me quedé impactada con ese beso que Vigo Mortensen le da a su elfa. ¡Juro por el tipo de interés de mi hipoteca que le metió la lengua hasta la campanilla! No es mi mente calenturienta. ¡Comprobadlo!
 
No soy tan friki como para enloquecer con esa trilogía pero de verdad que no me pude ir a dormir pensando en esa boca de Aragorn (¡vaya nombrecitos tienen todos los personajes!). Así, que decidí conectarme para leer el relato de un amigo que había dejado pendiente a ver si conseguía que entre el dolor de pies por las botas, que había llevado toda la noche, y el resplandor de la pantalla me entraba sueño. Pero, ¡oh, sorpresa! Mensaje del messenger: Sergio.
 
Él no sabe que tengo este blog por lo que no me leerá y además necesito contarlo o reviento.
Conozco a Sergio hace varios meses, es sencillamente el tipo de hombre que me enloquece. Y es tauro. ¿Tú te crees esas tonterías de los horóscopos? Sí, joder, todos los que me gustan son tauro. Sergio es cuarentón hippie, media melena y sonrisa picarona. Entre él y yo no ha habido otra cosa que amistad superficial, y como vive en Málaga sólo hablamos por el chat y, de vez en cuando, por teléfono. Pero se ve que anoche éramos los únicos del planeta conectados y nos entregamos a una charla desesperada.
 
Yo ya notaba que se me derretía el ojo izquierdo porque eran las tres de la madrugada y estaba dispuesta a despedirme cuando leo “¿cibersexo?”. ¡Vaya que recuperé la vista y hasta creo que una dioptría por el impacto!
¿Cibersexo? Vale, respondí por decir algo. Yo nací y moriré tonta y no sé como van esas cosas.
Pero he descubierto que una sesión de cibersexo es quitarle las cadenas al guarrete que todos llevamos dentro. Es utilizar esas frases de peli porno que nunca le dirías a ninguno de tus amantes: soy una niña mala y necesito unos azotes, por ejemplo, a lo que él respondía soy un lobo y voy a devorarte caperucita… bueno ya os hacéis una idea.
 
Una mezcla surrealista de cuento infantil y hardcore. Al principio pensé que iba a darme la risa pero todo lo contrario me entregué a las frases más sucias del diccionario sin avergonzarme.
 
La sesión cibersexual duró como hora y media, os lo juro, pero a los cuarenta minutos me vi desenchufando el calefactor que había puesto para no quedarme congelada junto al ordenador. ¡Qué cosa! Lo bueno, o lo malo, es que Sergio me ha prometido repetir la sesión en directo. ¡Miedooo! ¡Qué viene el lobo feroz! Todo esto por culpa del beso de un rey imaginario a su cándida elfa. ¡Para que luego digan que la ficción no nos trae de cabeza!
 
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